La segunda vuelta electoral se ha convertido en un tema recurrente dentro de la gama de propuestas de reforma del Estado. Incluso Felipe Calderón, que ganó una elección cerrada y cuestionable, desde distintas perspectivas, pone sobre la mesa la propuesta que podría haberle arrebatado ese frágil triunfo.
¿Cuál es objetivo de la segunda vuelta? Según las palabras del presidente de la República, con la “…propuesta se asegura […] que gane quien tenga el mayor apoyo, contribuyendo a generar un mandato más claro”.
Adicionalmente a la segunda vuelta, el
Poder Ejecutivo Federal propuso que esta etapa se lleve a cabo en la fecha de
la elección legislativa “…a fin de permitir que los votantes decidan sobre el
futuro del Congreso; es decir, sobre la elección de diputados y senadores, y
considerando la propia decisión del Poder Ejecutivo, del balance entre ellos y
de la manera en que debe darse mayor certidumbre a la integración del poder”.
Estoy a favor de la segunda vuelta
electoral, aún así creo que el planteamiento que se ha hecho no es el correcto.
Empecemos por la justificación. ¿Dónde radica la problemática de los sistemas
de votación por mayoría? El problema de fondo se encuentra en la limitada
cantidad de información que se obtiene mediante la votación simple de un
candidato que gana por mayoría.
El Marqués de Condorcet señaló una serie
de problemas respecto el tema en su Ensayo
sobre la aplicación del análisis a la probabilidad de las decisiones por
mayoría. La segunda vuelta puede ayudar a eliminar algunas de las
contradicciones de la elección por mayoría, ya que es una especie de torneo circular. Sin embargo, no es la
panacea.
Aún con este proceso, puede ganar la
elección un perdedor Condorcet , es
decir, un candidato que gana una votación fragmentada pero que en realidad
genera el mayor rechazo dentro de la totalidad de votantes.
Hay numerosos mecanismos de segunda
vuelta: sin mecanismo de acceso, de acceso simple y de acceso compuesto, entre
otros. La cuestión está en qué tipo de segunda vuelta queremos y más
significativo, para qué la queremos. Si el objetivo está en la legitimación del
candidato ganador, tendremos que reflexionar en una serie de cuestiones más. La
legitimación no es tema únicamente de un resultado electoral más o menos
uniforme, sino de una serie de procesos institucionales, en los que prevalezcan
la transparencia y la rendición de cuentas.
Lo que más llama la atención de la
propuesta calderonista es la unificación de la fecha de la elección de legisladores
con la de la segunda vuelta presidencial.
Podemos partir de una base muy sencilla: Los métodos de elección y las
instituciones electorales afectan el resultado de la votación. A la segunda
vuelta pasan únicamente los partidos con mayor número de votos, ¿qué efectos
tendría para el resto de los partidos estar fuera de la contienda en el momento
en que habría de elegirse el presidente de la República?
Existe un gran número de teorías sobre las motivaciones del voto, pero
hay una importante regla cuando hablamos del votante medio y el voto útil: la
gente prefiere votar por un ganador que por un perdedor. Hacer coincidir la
elección de legisladores con la de segunda vuelta de candidatos a la
presidencia, beneficiaría únicamente a los partidos que contendieron en la
última. La base de este pensamiento es la misma que entraña la propuesta de
iniciativa preferencial del Ejecutivo: para poder gobernar, el presidente debe
tener control sobre la agenda legislativa.
Las relaciones entre poderes serán motivo
de otra reflexión, pero por lo pronto dejo una hipótesis: El bipartidismo
apuntaría a reafirmar el statu quo. Si
lo que queremos es cambio, necesitamos pluralidad. ¿Queremos transitar a un
modelo donde existan menos actores políticos o a uno donde las reglas del juego
permitan un mejor desempeño de los actores, así como un mayor equilibrio entre
ellos? Más allá de lo evidente, este tipo de modificaciones a las instituciones
y mecanismos electorales tienen como fin manipular el resultado de la elección.
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