¡Ya Bájenle!, el presupuesto económico a partidos políticos de México.

Fri 12 Mar 2010 10:54:01 | 1 comments
  

Nuevamente y en espera de la reforma política de México, considero importante retomar este tema y concientizar a los ciudadanos mexicanos para que participen ahora que existe la posibilidad de que su opinión sea verdaderamente  tomada en cuenta.

 

El "Foco Ciudadano" es una iniciativa que surge como parte de la campaña "menos dinero a partidos", mediante la reforma del artículo 41 de la Constitución, cambio urgente que requiere la política mexicana.

 

 ¡Ya Bájenle! (www.yabajenle.org.mx) promovida por las organizaciones y ciudadanos que participan en la Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA), propone que se modifique el artículo 41 de la Constitución para que el financiamiento de los partidos se calcule multiplicando el número total de votos válidos emitidos para un partido o coalición en la elección inmediata anterior, en lugar del “número total de ciudadanos inscritos en el padrón electoral”, como actualmente dice el texto.

 

Para leer la nota completa sigue el siguiente enlace.... http://mx.globedia.com/bajenle-presupuesto-economico-partidos-politicos-mexico-urgente    o   http://twitter.com/rogelpp


 

 

Comments

Bienvenida la reforma, pero me pregunto si el enfrentamiento entre ciudadanos y la clase política, es generado por procesos y normas electorales imperfectos o por la forma totalitaria e impune en que nos gobiernan y representan a quienes elegimos para hacerlo.
El próximo 20 de Noviembre celebraremos que hace 100 años decidimos que los problemas del país se generaban porqué un solo hombre tenía acceso al poder y entonces nos aventamos una revolución. De igual forma el próximo 11 de Octubre celebraremos que hace 20 años decidimos que los problemas del país se generaban porqué un solo partido político tenía acceso al poder y nos aventamos el IFE. Hoy decidimos que los problemas del país se generan porqué solo los partidos políticos tienen acceso al poder, y queremos aventarnos reformas para permitir entre otras cosas, que todos los ciudadanos de este país lo tengan. Bien por todo ello, pero ¿y el resultado?, no sería conveniente preguntarnos ¿de qué nos ha servido modificar radicalmente los procesos electorales si a final de cuentas el país continúa sufriendo los mismos problemas de injusticia, desigualdad y pobreza, soportando como hace 100 años los mismos abusos de la clase gobernante, como si nada hubiera cambiado en este país?
De ninguna manera soslayo las bondades de las reformas que se proponen, pero parece evidente que nuestros procesos electorales y conformación del congreso NO son la causa de los exabruptos de nuestra clase política, todo indica que el comportamiento y resultados de nuestros congresistas y gobiernos son el resultado del problema, por lo tanto elegir sin mácula para permitir el ejercicio del poder con absoluto libertinaje y total impunidad, es con todo respeto, no querer dejar de hacernos pendejos. Queremos una clase política trabajadora, solidaria, inteligente y creativa que genere el marco legal que nos facilite salir de la mediocridad, pero en lugar de darnos instrumentos que nos permitan vigilarla y mecanismos que nos permitan castigar a quienes se brincan las trancas, optamos por reformar como los elegimos. Es absurdo pensar que nuestros representantes y gobernantes hacen y deshacen a su particular antojo e interés, derivado de la forma en que son electos, el mezquino e indignante financiamiento que reciben los partidos políticos es posible sólo por qué los ciudadanos no tenemos como suspenderlo o modificarlo, y peor aún, gracias a que podemos elegir democráticamente a nuestros representantes, otorgamos un halo de legitimidad a este tipo de perversidades. Si en México nuestros perfectibles procesos electorales permiten la alternancia pacífica de partidos en el gobierno, pero el país va de mal en peor, se puede concluir que por desgracia los mexicanos resolvimos el problema equivocado, pues de haber sido éste el electoral ya deberíamos de estar encaminándonos al desarrollo, sin embargo los problemas que ya teníamos crecieron y otros que aún no se manifestaban aparecieron. Por lo tanto si bien hay que congratularnos porque las reformas tratan de perfeccionar nuestros procesos electorales, mejor haríamos en ocuparnos de cambiar la forma en que nos gobiernan y representan nuestros elegidos, pues vemos que democracia electoral, corrupción, impunidad e incompetencia conviven con singular alegría.
Me pregunto por qué razón al ciudadano le resultará útil una 2da. vuelta electoral, pues el hecho de que el partido en el gobierno tenga mayoría en el congreso no ha reportado, cuando menos en México, beneficio alguno. ¿Que no era eso precisamente uno de los grandes problemas que teníamos en la época priista?, ¿que no es eso hoy uno de los grandes problemas que tenemos en los gobiernos estatales? Además, en cada uno de los municipios del país el partido del presidente municipal tiene mayoría en los cabildos, lo cual efectivamente facilita su tarea, pero lejos de traducirse esa condición en beneficios para los ciudadanos, lo que en realidad provoca es ampliar la gama y oportunidades de corrupción. El acuerdo PRI-PAN con el cual el ejecutivo obtuvo recursos adicionales para facilitar su gestión, nos permite ver que los problemas del ciudadano poco tienen que ver con que el ejecutivo cuente con el apoyo de la mayoría parlamentaria, pues de haberla tenido el PAN en este caso, la iniciativa simplemente se hubiera aprobado como venía y punto, resultando el ciudadanos el único afectado por esto, pero como no la tenía, entonces negoció para obtenerla, con la “diferencia” que el afectado resultó ser el mismo. Este acuerdo además nos permite ver por una parte, que conformar mayorías que destraben los procesos legislativos no tiene mayores impedimentos, por lo tanto una 2da. vuelta electoral resolvería un problema que no tenemos, y por la otra, nos indica que es necesario darnos los mecanismos que nos permitan vigilar e impedir que esas mayorías de fácil conformación, actúen en contra de los intereses de los ciudadanos. Si ya vimos que unánimemente nuestros representantes aprobaron en su momento la ley televisa por ejemplo, si todos están de acuerdo en no bajarle el financiamiento a sus partidos, si unánimemente rechazan entrarle al asunto de los monopolios, si todos buscan mantener y aumentar sus privilegios, entonces es claro que el meollo del asunto no es conformar mayorías parlamentarias acordes al ejecutivo, sí no cómo hacemos para que esa mayorías estén en sintonía con los ciudadanos, independientemente si son acordes o no con el Sr. Presidente.
¿Qué afecta a la clase política mexicana?, porque la magnitud del desempleo, el índice de inseguridad, el bajísimo nivel educativo o el número de pobres entre cientos de problemas más que padecemos, simplemente les tiene sin cuidado, actitud que por cierto es totalmente lógica y perfectamente entendible, pues la persistencia e incremento de esos problemas no afectan ni su poder, ni sus canonjías, ni su economía, por lo tanto no tienen ningún motivo para preocuparse y menos para ocuparse en tratar de resolverlos. Esta “pequeña” circunstancia deja claro que los desquiciados no son nuestros legisladores, si no los electores, al exigirles resultados incentivándolos para que no los tengan. Pensar que con las condiciones laborales e impunidad que tiene actualmente nuestra clase política, el voto emitido en libertad y democracia es el arma para castigar sus excesos y cinismo es ridículo, dadas las prerrogativas que tienen nuestros elegidos, el voto libre y democrático sólo nos sirve para cambiar el personal que nos atraca.
Si lo único que ocasionalmente hace perder poder, canonjías y sus fabulosos ingresos a miembros de nuestra clase política es QUE SUS ACCIONES SE HAGAN DEL DOMINIO PÚBLICO, reformemos entonces la ley de acceso a la información y el IFAI no el COFIPE, y después enfoquémonos en lograr mecanismos que nos permitan castigar efectiva y expeditamente a nuestra clase política, porque sí no estaremos igual que en lo electoral, resolviendo un problema sin obtener el beneficio buscado, y como ejemplo me remito al conocido casos PemexGate, que sólo cuando salió a luz pública tuvo que ser a fuerzas “castigado” multando al PRI con mil millones de pesos, mismos que los infractores “pagaron” con nuestro dinero. Si los jerarcas de ese partido cometieron un delito, ¿por qué razón se utilizaron recursos públicos para pagar su sanción? Insisto con este tipo de canonjías los desquiciados somos los ciudadanos. Los mexicanos dejaremos de ser las víctimas de nuestra clase política, el día en que el más mínimo ocultamiento independientemente de que exista o no corrupción, sea verdadera sancionado, es decir, el día que ocultar información pública de cualquier tipo excepto aquella que ponga en riesgo al estado, sea no sólo considerada un delito, sí no además sean castigados efectivamente los responsables, de otra forma, nunca dejaremos de hacernos pendejos.
Considerando lo anterior, parecería más útil empujar para reformar la ley de acceso a la información dejando pendiente el COFIPE. Limitar las funciones del IFAI a sólo proteger la información de seguridad nacional, y sancionar efectivamente a todas aquellas dependencias, organismos o institutos que no mantenga a disposición del ciudadano toda la información a la que tiene derecho sería lo indicado, en lugar de como ahora ocurre, en que para ejercer un derecho consagrado en la constitución dentro de las garantías individuales, tenemos que acudir a ese instituto. Cosa más absurda, es como si para viajar de la Cd. de México a Cuernavaca, ejerciendo nuestro derecho a libre tránsito, tuviéramos que avisarle y esperar respuesta del Instituto Mexicano del Trasporte.
Si bien las leyes indican que todo ilícito debe ser sancionado, esto en la práctica excluye a nuestra clase política por un fuero convenientemente deformado, pero sobre todo, porque en México la justicia se obtiene en proporción directa del peso político o económico del acusado y se niega al cuadrado de su pobreza, pero igual, modificamos la ley para mejorar los proceso legislativos pero dejamos tan impunes como siempre a los ministerios públicos, averiguaciones previas mal hechas o nulas averiguaciones son práctica común sin costo alguno para nuestros M's P's, pero al margen de este mayúsculo problema, hay que destacar que un político actuará muy diferente si sabe que sus acciones serán conocidas, revisadas y evaluadas por los ciudadanos, y más si sabe que de ello depende su libertad, poder, canonjías y economía. No ha bastado que la clase política se revise y “castigue” a sí misma, es indispensable que los ciudadanos no sólo tengan acceso irrestricto a toda la información que no sea clasificada con de seguridad nacional, sino que cuente además, con instrumentos que le permitan castigar específica y severamente a nuestra élite política.
Por otra parte, si sabemos que el primer, más frecuente y casi exclusivo contacto que tienen los ciudadanos con sus gobernantes y representantes se da en los municipios, no se entiende porque se aborda el problema a nivel federal y no a nivel municipal, hacerlo así equivale a fortalecer una casa reforzando su azotea. Me pregunto si no sería más fácil y sobre todo útil para el ciudadano, contar con mecanismos que le permitieran contralar el congresito municipal que es su cabildo, antes de intentarlo con su distante y obeso congreso federal. Es ridículo que un ciudadano del municipio de José Azueta, Guerrero, pueda observar a través del canal del congreso el miserable nivel de los debates que se alcanza en nuestro congreso federal, pero no puede enterarse de lo que se discute, resuelve y acuerda en las reuniones de su cabildo municipal. No parece tan difícil hacer obligatorio que la cuenta pública de los municipios del país, sea auditada por los colegios de contadores que existen en la mayoría de sus cabeceras municipales, en ausencia de estos por un contador externo, y su dictamen subirlo a una página de internet que por ley, deberían tener todos los municipios del país.
Ningún ciudadano ignora y muy pocos escapan a la corrupción que existen en todos los ámbitos del país, público y privado es lo mismo, quizás por eso en lugar de procurarnos mecanismos efectivos para disminuirla cuando menos en el sector público, nos ocupamos en tratar de resolver sus efectos y no sus causa. Quizás peco de pesimista, pero si continuamos permitiendo que nuestros gobernantes sigan manejando en forma oculta, discrecional e impune los recursos públicos y seguimos consintiendo que nuestros representantes decidan sólo en función de sus intereses, el único beneficio de elegir mejor, será escoger a la perfección a quienes impunemente nos seguirán esquilmando.
No despreciemos las reformas propuestas pero hagamos algo efectivo para controlar a nuestra clase política, pues de lo contrario no duden que en el bicentenario de la revolución estaremos planteando una reforma para incluir que la poca biodiversidad que nos quede en esa época, tenga acceso al poder, porque si aún existe el país seguimos de bajada.



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